Hogar de Ancianos “Don Ramón J. Vinci” cumplió 65 años de vida cobijando a abuelos desamparados

Han pasado ya muchos años desde la inauguración de “Una Obra generosa de trascendencia social”, la que por Ley,- propuesta por el Dr. Manuel Barreiro,- lleva el nombre de su fundador.
La prensa de la época daba cuenta que con la presencia del Administrador del Hospital Salto, Don Ramón J. Vinci se inauguró en 1955 el Hogar “… a cuya iniciativa y perseverante dedicación, se debe esta obra, que constituye desde ya un timbre de legítimo orgullo para Salto, por ser la primera que se levanta en el interior del país”.
LA TRANSFORMACIÓN DEL VIEJO LAZARETO
Cuando Vinci comenzó a actuar en el Hospital, proyectó transformar las viejas paredes del antiguo Lazareto construido en el siglo 19, y sus paredes minadas por la acción del tiempo, en algo útil para la ciudad. En algo que pudiera ser un hogar para desvalidos, para los que en edad senil, sin medios de vida y sin familiares, deambulan huérfanos del calor de los afectos. Y para aquellos que deben ampararse en el Hospital, restando camas a los servicios asistenciales.
Tribuna Salteña decía sobre el particular: “Y fue así como se quebró la última lanza en favor del viejo centinela casi totalmente abatido. La empresa fue emprendida con mas esperanzas que recursos.” El mencionado edificio fue construído en un terreno propiedad de los hermanos Williams en el año 1887, a iniciativa de la Jefatura a cargo del entonces Coronel Teófilo Córdoba y el decano del cuerpo médico del Uruguay, Dr. Atilio Chiazzaro. Por espacio de muchos años, el Lazareto cumplió su misión de centro de aislamiento para los enfermos infecto-contagiosos.
UNA GRAN CONQUISTA SOCIAL
La revista “La Voz del funcionario de Salud Pública” decía en aquel entonces: En los últimos años, eran tristes paredes donde se había ensañado el tiempo y los aprovechadores de los inmuebles abandonados.
Cercos caídos, escombros y más escombros, era lo único que restaba como símbolo de pasadas épocas. Ni una ventana, ni una puerta que diera la sensación de albergue o historiara con sus instalaciones desaparecidas, la prestación de servicios en tiempos pretéritos.
Era común árbol gigante que había soportado los vendavales de muchos lustros y que se había entregado definitivamente para morir. Olvidado de los hombres que lo habían visto levantarse y acoger a los enfermos y ayudarlos en su ambiente sanitario para reintegrarse a la sociedad, recibía el adiós postrero. Era la narración de un lejano pasado”. Puesto en marcha el proyecto, se fueron venciendo las dificultades. Como nota destacada, corresponde mencionar que los funcionarios de Salud Pública Juan Plá, Nereo Moreira, Raúl Godoy y David López actuaron con encomiable celo y eficacia, y además, donaron las jornadas extras de trabajo, en beneficio de esa magnífica obra.
65 años después, recordamos hoy la inauguración de esta gran conquista social.

diario cambio

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